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Reglamentos.
Real Decreto Reglamento para el servicio, 9 de octubre de 1.844
Del soldado Del Cabo
Obligaciones del soldado y cabo de caballería Obligaciones del cabo

REGLAMENTO PARA EL SERVICIO DE LA GUARDIA CIVIL

MINISTERIO DE LA GOBERNACIÓN DE LA PENÍNSULA.
SEÑORA:
Para que la Guardia civil, cuya organización se halla muy adelantada, pueda llenar cumplidamente desde los principios el importante objeto de su instituto, es indispensable trazar con exactitud los límites dentro de los cuales ha de obrar una fuerza, que a su carácter especial reúne tan bastas y complicadas relaciones con las diversas dependencias y ramos de la administración del Estado.

Con este propósito, el infrascrito Secretario del Despacho, acudiendo a lo más preciso, y dejando a las lecciones de la práctica y de la experiencia el ensanche y los pormenores que pueda exigir una obra cumplida en tan delicada materia, ha formado un breve y sencillo reglamento, en el cual este cuerpo, así como los deberes y facultades que le corresponden en el orden civil, distinguiendo muy señaladamente el servicio con arreglo a su importancia, fuera y dentro de las poblaciones, ya por lo tocante al sosiego público y a la seguridad personal, ya también respecto del apoyo que pueda reclamar la ejecución de las leyes.

Sin desconocer el valor ni desaprovechar el auxilio de extraños ejemplos, dignos por cierto de atención y estudio, el que suscribe, absteniéndose muy cuidadosamente de todo espíritu de ciega imitación, ha procurado evitar las aplicaciones impracticables o aventuradas y amoldar las disposiciones del Reglamento al actual estado de nuestra nación, a las circunstancias locales de nuestros pueblos y, a la natural inexperiencia de los individuos que constituyen esta nueva fuerza de protección y seguridad.

Por medio pues de estas disposiciones, en las que sin embarazar la acción de la Guardia civil, se ha procurado afianzar con saludables cortapisas el buen uso de la fuerza, dando a los vecinos honrados todas las necesarias garantías, V.M. verá satisfecho en gran parte su constante y solícito anhelo a favor del orden público y de la seguridad personal, que son el primer blanco de toda buena administración y constituyen el _self fundamento del bienestar y la dicha de los pueblos.

En este supuesto el que suscribe tiene la honra de someter a la alta consideración de V.M. el adjunto proyecto de decreto.

Madrid 9 de Octubre de 1844. Señora. A L. R. P. de V. M. Pedro José Pidal.(Pedro José Pidal Carniado, Ministro de Gobernación del Reino para la Península e Islas Adyacente, 3051844 a 12.02.1846)

REAL DECRETO

En vista de las razones que me ha expuesto el Ministro de la Gobernación de la Península, vengo en aprobar el Reglamento que para el servicio de la Guardia civil me ha presentado y es adjunto a este decreto, a fin de que la parte de dicha fuerza que se halla completamente organizada empiece sin demora llenar su importante encargo, y pueda corresponder buen desde su origen al carácter protector y benéfico de esta institución.
Dado en Palacio a 9 de Octubre de 1844. Esta rubricado de la Real mano. El Ministro de la Gobernación de la Península, Pedro José Pidal.

REGLAMENTO PARA EL SERVICIO, 9 DE OCTUBRE DE 1.844

CAPÍTULO PRIMERO

Objeto de la institución.

  1. ARTÍCULO 1.º La Guardia civil tiene por objeto:
    • La conservación del orden público.
    • La protección de las personas y las propiedades, fuera y dentro de las poblaciones.
    • El auxilio que reclame la ejecución de las leyes.
  2. Art. 2.º Cuando lo permita el servicio del que habla el artículo anterior, podrá emplearse la Guardia civil, como auxiliar, en cualquier otro servicio público que reclame la intervención de la fuerza armada.

CAPÍTULO II

Dependencia de la Guardia civil.

  1. Art. 3.º La Guardia civil depende:
    • Del Ministerio de la Guerra por lo tocante a su organización, personal, disciplina, material y percibo de sus haberes.
    • Del Ministerio de la Gobernación de la Península en cuanto al servicio y acuartelamiento.
  2. Art. 4.º El Ministerio de Gracia y Justicia y las autoridades judiciales podrán requerir su cooperación por conducto de la autoridad civil. Fuera de los casos urgentes que indicará este Reglamento, en los cuales podrá la autoridad judicial entenderse directamente con los respectivos Jefes de la fuerza.
  3. Art. 5.º La dependencia del Ministerio de la Guerra se determinará y aplicará en el Reglamento militar que se forme por el respectivo Ministerio.

I

Del Ministerio de la Gobernación de la Península.

  1. Art. 6.º El Ministerio de la Gobernación de la Península es el único conducto por donde se trasmiten las órdenes de S. M. para disponer el servicio general de la Guardia civil.
  2. Art. 7.º Esta fuerza se distribuirá en la forma que previene el Real decreto de 13 de Mayo próximo pasado, destinándose por consiguiente a cada distrito militar en su tercio respectivo.
    En caso necesario podrá sin embargo el Ministerio de la Gobernación de la Península reunir temporalmente dos o más tercios, cuya reunión deberá cesar tan luego como desaparezca el motivo grave y urgente que hubiere requerido esta disposición extraordinaria.
  3. Art. 8.º Cuando lo estime conveniente podrá el Ministerio de la Gobernación reunir en una o más provincias los escuadrones y compañías pertenecientes a un mismo tercio.
  4. Art. 9.º Este Ministerio comunicará directamente al Inspector y a los Jefes de los tercios las órdenes de S. M. relativas al servicio y acuartelamiento de la Guardia civil.
  5. Art. 10. Por el Ministerio de la Gobernación podrá suspenderse a cualquier Jefe o subalterno de esta fuerza cuando por su apatía o cualquiera otra causa se entorpezca el servicio. En caso necesario el Ministerio de la Gobernación pasará la comunicación oportuna al Ministerio de la Guerra, a fin de que por los trámites ordinarios proceda a la separación del Jefe o subalterno que hubiese sido objeto de esta medida.
  6. Art. 11. El Jefe Político dispone el servicio de la parte de Guardia civil destinada a su provincia respectiva; pero nunca se mezclará en las operaciones y movimientos militares que hayan de hacerse para la ejecución del servicio.
  7. Art. 12. Podrá reunir los escuadrones y compañías pertenecientes a la misma provincia cuando lo requiera el objeto mismo de la institución de esta fuerza.
  8. Art. 13. El Jefe político podrá suspender al jefe de escuadrón o compañía y a cualquier subalterno que sin mediar expresa orden superior no de cumplimiento a las disposiciones tomadas por la autoridad civil en el círculo de sus facultades, o que por cualquier motivo entorpezca el servicio. En este caso deberá el Jefe político dar inmediatamente cuenta al Ministerio de la Gobernación de la Península para la aprobación o revocación de aquella providencia. Si S. M. se digna aprobar la conducta del Jefe Político, el Ministerio de la Gobernación procederá en la forma que prescribe el Art. 10 de este Reglamento.
  9. Art. 14. El Comisario de Protección y Seguridad pública en su respectivo distrito es la autoridad que dispone el servicio de la Guardia civil comprendida en el término de su jurisdicción.
  10. Art. 15. En sus disposiciones deberá el Comisario atenerse con todo rigor a las órdenes e instrucciones que le comunique el Jefe político de la provincia.
  11. Art. 16. Cuando no exista orden alguna en sentido contrario, podrá el Comisario reunir dos o más secciones, brigadas o destacamentos. También podrá tomar esta disposición bajo su responsabilidad cundo lo exija un servicio extraordinario, urgente e imprevisto, si a ello únicamente se oponen las órdenes e instrucciones generales del Jefe político; pues en el caso de mediar un orden especial y terminante de la respectiva autoridad política, el Comisario deberá reducirse a cumplir exactamente la disposición suprior.
  12. Art. 17. Podrá el Comisario poner a las órdenes de algún Celador parte de la fuerza correspondiente al término de su jurisdicción, siempre que sea para objetos propios del instituto de la Guardia civil, debiendo el Celador arreglar en este punto sus procedimientos a las órdenes e instrucciones del Comisario.
  13. Art. 18. En los casos de falta de obediencia o respeto de algún individuo de la Guardia civil a las órdenes o a la autoridad del Comisario, deberá dar cuenta al Jefe político de la provincia para la resolución oportuna.
  14. Art. 19. Los Alcaldes de los pueblos podrán requerir el auxilio de la Guardia civil del pueblo respectivo. La Guardia civil no podrá negar este auxilio, siempre que sea para un objeto del instituto de dicha fuerza dentro del término municipal, y no medie en contrario ninguna orden del Jefe político o del Comisario. Cuando sin mediar alguna de estas causas se negare el auxilio, los Alcaldes elevarán su queja o reclamación al Jefe político de la provincia.

II

De las autoridades judiciales.

  1. Art. 20. El Regente o Fiscal (Ordenanzas de las audiencias de 1835. 73. Estará a cargo de cada Regente el gobierno y policía interior de la audiencia, el hacer que en ella se guarde el orden debido, y cuidar de que los demás magistrados y subalternos cumplan todos puntualmente con sus respectivas obligaciones.) de una Audiencia que necesite el auxilio de la Guardia civil para cualquier servicio de los que según este Reglamento corresponden a la autoridad judicial, dirigirán para ello la comunicación oportuna al Jefe político de la provincia donde haya de emplearse la fuerza, el cual no podrá negar este auxilio fuera de los casos en que no lo permitan obligaciones preferentes.
  2. Art. 21. El Juez de primera instancia o Promotor Fiscal que necesite igual auxilio en su partido respectivo, se dirigirá en los mismos términos al Comisario del distrito a que corresponda del juzgado; solo en la necesidad de atender, como expresa el artículo anterior, a un servicio preferente, podrá el Comisario (Los comisarios no podrán alterar la distribución que se haga de la fuerza de la Guardia civil destinada en su comisaría fuera de los casos extraordinarios urgentes o improvistos del que habla artículo 16 del reglamento procediendo siempre con sujeción a lo prevenido en el mismo artículo. Cuando los comisarios, en uso de las facultades que el reglamento les concedo, se entiendan con algún oficial de la guardia civil, deberán por regla general hacerlo per escrito, evitando en sus en sus comunicaciones toda expresión imperativa, y sujetándose la fórmula que es adjunta a esta Real disposición.
    Al hacer uso de las indicadas atribuciones, los comisarios manifestarán al jefe de la partida o destacamento el objeto que reclama la intervención de la fuerza, siempre que no se trate de un servicio reservado, ya por su propia índole, ya en virtud de orden superior.
    En ninguna circunstancia, por ningún motivo ni pretexto, se mezclarán los comisarios no celadores en los movimientos y operaciones militares que necesite la ejecución del servicio, ni en punto alguno relativo a la policía interior de la guardia civil. Rl. Ord. de 6 de junio de 1845.) dejar de poner fuerza a disposición del Juez o Promotor Fiscal.
  3. Art. 22. Así el Regente o Fiscal de una Audiencia como el Juez o Promotor Fiscal (Sección segunda del capítulo primero del reglamento de 1º. De mayo de 1844 se lee: 36. Los promotores fiscales, en desempeño de la obligación que tienen de sostener la Real jurisdicción ordinaria, vigilarán para que los alcaldes no invadan la de los juzgados, y denunciarán ante estos cualquier abuso que aquellos cometan, ya atendiendo en negocios civiles con asesor, aunque sea en consecuencia de lo convenido en juicio de paz, ya en terciarias, ya ejecutando detenciones o prisiones de que no den parte inmediatamente, o traspasando de cualquier modo los límites de sus atribuciones judiciales.) de un partido podrán requerir directamente de los Jefes de la Guardia civil la cooperación de esta fuerza cuando ocurra algún servicio de tan urgente naturaleza que no admita dilación de ninguna especie. La autoridad judicial, sin embargo, al propio tiempo que haga uso de esta facultad extraordinaria, deberá participar a la autoridad civil respectiva la adopción de esta medida.
  4. Art. 23. Las autoridades judiciales, al solicitar el auxilio de la Guardia civil, cuando no fuere incompatible con el sigilo que reclama a veces la administración judicial, indicarán el objeto para que el necesitan la cooperación de esta fuerza.

CAPÍTULO III

Obligaciones y facultades de la Guardia civil.

  1. Art. 24. Todo individuo de la Guardia civil tiene obligación de auxiliar y obedecer al Jefe polÍtico o a sus delegados cuando requieran la intervención de esta fuerza para reprimir cualquier tumulto o desorden, sea de la naturaleza que fuere.
  2. Art. 25. La obediencia estricta a las órdenes de la autoridad en el caso del que habla el artículo anterior exime de responsabilidad; y la menor desobediencia o morosidad en el cumplimiento de esta clase de órdenes será castigada con todo el rigor de la Ordenanza militar.
  3. Art. 26. No solamente la Guardia civil tiene obligación de cooperar al sometimiento del orden público, observando y cumpliendo las instrucciones y órdenes del Jefe político y sus delegados, sino también debe acudir por sí al desempeño de este servicio cuando no se halle presente la autoridad. Por consecuencia, todo Comandante, Subalterno o individuo de esta fuerza se halla obligado respectivamente a sofocar y reprimir cualquier motín o desorden que ocurra en su presencia, sin que sea necesaria para obrar activamente la orden de la autoridad civil.
  4. Art. 27. En estos casos el Jefe de la fuerza procederá del modo siguiente:
    • Se valdrá del medio que le dicte la prudencia para persuadir a los perturbadores a que se dispersen y no continuar alterando el orden.
    • Cuando este medio sea ineficaz, les intimidará el uso de la fuerza.
    • Si a pesar de esta intimación persisten los amotinados en la misma desobediencia, restablecerá a viva fuerza la tranquilidad y el imperio de la ley.
  5. Art. 28. Si los amotinados o perturbadores hicieren uso de cualquier medio violento durante las primeras intimaciones, la Guardia civil empelará también la fuerza desde luego sin proceder a intimaciones o advertencias.
  6. Art. 29. Toda reunión sediciosa y armada deberá ser disipada desde luego, arrestando a los perturbadores; si resistiesen, se empelará la fuerza.
  7. Art. 30. El Jefe político dispondrá que haya de continuo rondas en los caminos y puntos que ofrezcan habitualmente alguna inseguridad, arreglando las distribuciones de esta fuerza en términos que haya dos partidas constantes en el mismo camino, las cuales rondarán en la misma línea; pero en dirección opuesta.
  8. Art. 31. El Jefe de cada partida llevará un registro, en cual anotará los hechos importantes de que tenga noticia y todos sus actos en el desempeño de este servicio. Este registro deberá se visado todos los días, con expresión de la hora, por el Alcalde ( TÍTULO V. De las atribuciones de los alcaldes y ayuntamientos.Capítulo 1º de las atribuciones de los alcaldes.Artículo 73. Como delegado del Gobierno, corresponde al alcalde, bajo al autoridad inmediata del jefe político: 1.º Publicar, ejecutar y hacer ejecutar las leyes, reglamentos, Reales órdenes y disposiciones de la administración superior. 2.º Adoptar, donde no hubiere delegado del Gobierno para este objeto, todas las medidas protectoras de la seguridad personal, de la propiedad y de la tranquilidad pública, con arreglo a las leyes y disposiciones de las autoridades superiores. A este efecto podrá requerir de quien corresponda el auxilio de la fuerza armada. Ley de 8 de enero de 1845.) del pueblo de donde salga la ronda y para aquel donde pernocte o descanse. De este registro dirigirá semanalmente un breve extracto al Comisario respectivo, el cual, formando un resumen general de los extractos parciales, remitirá cada quince días el correspondiente parte al Jefe político de la provincia. Sin embargo, los Comandantes de partidas, cuando ocurra algún suceso extraordinario o notable, remitirá directamente al Jefe político un parte especial, poniendo al propio tiempo el suceso en conocimiento del Comisario. (Tiene a su cargo la inspección a este ramo en su distrito respectivo bajo la autoridad superior del jefe político. En ninguna circunstancia, por ningún motivo ni pretexto, se mezclarán los comisarios ni celadores con los movimientos y operaciones militares que necesite la ejecución del servicio, ni en punto alguno relativo a la policía interior de la Guardia Civil. Rl. Ord. de 6 de junio de 1845.)
  9. Art. 32. En los caminos, en los campos y despoblados, toda partida o individuo de la Guardia civil cuidará de proteger a cualquiera persona que se vea en algún peligro o desgracia, ya prestando el auxilio de la fuerza, ya facilitando el socorro que estuviere a su alcance. Por consiguiente procurará amparar a todo viajero que sea objeto de alguna violencia; auxiliar a los carruajes que hubiesen volcado o experimentado cualquier contratiempo que los detenga en el camino; recoger los heridos o enfermos que se hallen imposibilitados de continuar su marcha; contribuir a cortar los incendios en los campos en las casas aisladas, y prestar en suma, del mejor modo que le fuere posible, en todo servicio que pueda conducir al objeto y realce de esta institución esencialmente benéfica y protectora.
  10. Art. 33. Corresponde también a la Guardia civil, con sujeción a lo prevenido en este reglamento y a las instrucciones particulares que se le dieren, velar sobre la observancia de las leyes y disposiciones relativas:
    • A los caminos, portazgos y barcajes.
    • A los montes y bosques del Estado y de los pueblos.
    • Caza y pesca.
    • A los pastos del común de vecinos.
    • A los bienes propios.
    • A los demás ramos o propiedades que formen parte de la riqueza pública o comunal.
    • A las propiedades particulares.
    • A todo lo que constituye la policía rural.
  11. Art. 34. Es obligación de la Guardia civil:
    • Tomar noticia de la perpetración de cualquier delito o hecho contrario a las leyes, decretos y órdenes del Gobierno, bandos de las autoridades y ordenanzas municipales.
    • Recoger los vagabundos que anden por los caminos y despoblados y los fugados de cárceles o presidios, entregándolos a la inmediata autoridad civil, para lo cual facilitarán los Comisarios y los Alcaldes a los Jefes de las partidas una lista de las personas que se hallen comprendidas en estos casos, con expresión muy determinada y explícita de las señas personales y de todas las circunstancia para evitar equivocaciones.
    • Recoger los prófugos y desertores, entregando los primeros a la autoridad civil, y los segundos a la autoridad militar del pueblo más inmediato.
    • Perseguir y detener a los delincuentes o infractores de las disposiciones a que se refiere el párrafo 1º de este artículo, entregándolos a la autoridad o tribunal competente.
  12. Art. 35. Habrá siempre en las ferias un destacamento de la Guardia civil destinado a conservar el orden interior y la seguridad personal de los caminos inmediatos, a cuyo fin se establecerán, por las avenidas y entornos del pueblo donde la feria se celebre, rondas especiales que vigilen de continuo, así de día como de noche, hasta que cese el motivo que suele en estos casos atraer a los malhechores, vagos y gente perdida.
  13. Art. 36. El Jefe de toda partida de Guardia civil, o cualquier individuo de esta fuerza que obre separadamente, se halla facultado:
    • Para exigir la presentación del pasaporte o pase a los viajeros y transeúntes, deteniendo a los que no lleven dicho documento para presentarlos al respectivo Comisario o Celador de Protección y Seguridad, (Las atribuciones de estos empleados del ramo son: dar frecuente noticia a los comisarios de todo lo que ocurra; y en casos urgentes, sin perjuicio de esta obligación, entenderse directamente con el jefe político:formar de los habitantes de su barrio tres padrones distintos, a saber, el de vecinos en general, el de forasteros y el de extranjeros, ya domiciliados, ya transeúntes:cuidar de recoger los pasaportes de los que entren diariamente en la capital procedentes de otras provincias o pueblos distantes más de leguas; y después de anotados en sus registros, remitirlos al comisario del distrito:extender en casos ordinarios la papeleta, visada por el comisario, y en la cual debe constar el nombre y habitación del interesado, para que el jefe político expida el correspondiente pasaporte: si alguna vez por circunstancias especiales llega esta autoridad a expedir por sí aquel documento, se pasará igual nota al comisario para que este y el celador hagan las oportunas alteraciones en el padrón de vecinos. Rl. Ord. de 30 de eneros de 1844.) siempre que la detención se verifique dentro o a las inmediaciones del pueblo donde resida alguno de aquellos funcionarios; pero si la falta se anotare en los caminos, solo deberá detener a los viajeros que infundieren sospecha para presentarlos al Comisario o Celador inmediato, limitándose, respecto de los demás, a dar parte a la autoridad civil, y prescribir al interesado la obligación de proveerse del correspondiente documento en el pueblo más cercano en la dirección del viajero.
    • Para exigir igualmente la presentación de la licencia de uso de armas o la de caza o pesca, dando parte de cualquiera falta al Comisario del distrito y al Celador del pueblo donde resida el interesado.
    • Para entrar a cualquiera hora del día o de la noche en las ventas o casas situadas en despoblados cuando haya motivos para sospechar que se abriga en ellas algún malhechor o delincuente.
  14. Art. 37. Art. 37. Todo Jefe de partida de la Guardia civil se halla facultado para instruir la sumaria (Conjunto de actuaciones encaminadas a preparar el juicio criminal, haciendo constar la perpetración de los delitos con las circunstancias que puedan influir en su calificación, determinar la culpabilidad y prevenir el castigo de los delincuentes.) información de cualquier delito cometido a su vista, denunciado por los transeúntes u otras personas halladas fura de población, y perpetrado próximamente a la denuncia, presentando la sumaria al Juez lo más antes posible, sin que en ningún caso pueda exceder este plazo de cuatro días, contados desde aquel en se verifique el suceso que motivo la sumaria.
  15. Art. 38. Ningún Jefe ni individuo de la Guardia civil podrá imponer multas ni otra pena alguna, ni aún las prescritas en las leyes, bandos o disposiciones vigentes, debiendo en estos caso reducirse a presentar el infractor a la autoridad competente, y circunscribirse al uso de las facultades que determinen las artículos anteriores.
  16. Art. 39. El Jefe político dispondrá también el servicio que deba hacer la Guardia civil en el interior de las poblaciones, y procurará que asistan partidas de esta fuerza a las reuniones públicas, sin otro objeto que el de atender a la conservación del orden y a la protección de las personas.
  17. Art. 40. Los agentes de Protección y Seguridad pública constituyen la fuerza especialmente destinada a velar de continuo en las calles por la conservación del buen orden interior, protegiendo a los vecinos pacíficos, evitando o reprimiendo las pendencias o escándalos, averiguando la perpetración de cualquier delito, y persiguiendo y deteniendo a los delincuentes o infractores para ponerlos a disposición del Celador del barrio, que deberá entregarlos inmediatamente al Comisario del distrito respectivo; pero la Guardia civil cooperará en caso necesario con los agentes de Protección y Seguridad pública (Tomó este nombre desde agosto de 1836 el ramo conocido hasta entonces con el de policía, y que ha sido organizado últimamente por el Real decreto de 26 de enero de 1844.) en el desempeño de esta clase de servicios.
  18. Art. 41. Los Comisarios podrán requerir también el auxilio de la Guardia civil para esta clase de servicios cuando no juzguen bastante la fuerza de los agentes de Protección y Seguridad; y no sea posible esperar al orden del Jefe político.
  19. Art. 42. Cualquier Jefe o individuo de la Guardia civil puede hacer directamente, sin previa orden o requerimiento de la autoridad, cualquier servicio de esta especie cuando los hechos ocurran a su vista, o cuando por su inmediación sea llamado por un vecino necesitado para un caso urgente. Después de proveer a lo más necesario, el Jefe de la fuerza que hubiere prestado este auxilio dará parte al Comisario del distrito, bajo cuya dirección continuara prestando el servicio en aquel acto.
  20. Art. 43. Ningún individuo de la Guardia civil podrá entrar en ninguna casa particular sin previo permiso del dueño. Si la detención de un delincuente o la averiguación de un delito exigiese el allanamiento, y el dueño se opusiese a ello, deberá el Jefe de la fuerza dar parte al Comisario, tomando las disposiciones necesarias para ejercer entre tanto una vigilancia eficaz.
  21. Art. 44. La prohibición de que habla el artículo anterior no comprende las fondas, cafés, tabernas, posadas, mesones y demás casas donde se admite al público, en las cuales podrá entrar cualquier Jefe de la Guardia civil, ya en virtud de requerimiento de la autoridad competente, ya de su propio impulso, cuando tenga noticia en el interior de dichos establecimientos, o lo exija la detención de algún delincuente.
  22. Art. 45. Además de la obligación que tiene la Guardia civil de atender a la conservación del orden y a la protección de las personas y de las propiedades, fuera y dentro de las poblaciones, debe auxiliar a las autoridades judiciales para asegurar la buena administración de justicia.
  23. Art. 46. En este concepto es obligación de todo Jefe de una partida de Guardia civil dar a los Jueces de primera instancia de los partidos oportuna cuanta de todos los delitos que lleguen a su noticia, remitirles las sumarias que instruyan, y poner a su disposición los delincuentes.
  24. Art. 47. Deben asistir a los Jueces en la forma ya expresada cuando tengan estos que proceder a la detención de alguna persona.
  25. Art. 48. La Guardia civil prestará el servicio necesario para asegurar el orden y la libertad en la celebración de los juicios de los tribunales cuando no baste para ello la fuerza de los agentes de Protección y Seguridad.

CAPÍTULO IV

Del acuartelamiento.

  1. Art. 49. En las poblaciones grandes donde se reúnan más de 50 hombres de la Guardia civil, se facilitará por el Ministerio de la Gobernación de la Península una casacuartel.
  2. Art. 50. Ínterin se pueden proporcionar casacuartel en los demás pueblos, se proveerá esa falta por medio de alojamientos en la firma establecida para las tropas del ejército.

CAPÍTULO V

Disposiciones generales.

  1. Art. 51. La Guardia civil no podrá distraerse del objeto de su instituto, y la autoridad que lo hiciere será responsable de este abuso.
  2. Art. 52. Los Jefes respectivos de la Guardia civil obedecerán siempre las órdenes que les comunique la autoridad competente según lo determinado en este Reglamento.
  3. Art. 53. La Guardia civil no puede deliberar ni representar en cuerpo sobre ninguna clase de asuntos, no podrán tampoco sus individuos representar en ningún caso negocios públicos.
  4. Art. 54. Después de un años de establecida la Guardia civil se destinará la tercera parte de la Comisarías de Protección y Seguridad para los que se hubieren distinguido en este servicio por su inteligencia y constante celo.
  5. Art. 55. Los que prestaren algún servicio extraordinario serán propuestos a S. M. para que se les conceda la debida recompensa, consistirá en una gratificación o en distintivo que recuerde con especialidad el hecho que hubiese sedo objeto de la Real benevolencia.
  6. Art. 56. Todo individuo de Guardia civil esta obligado a conducirse con la mayor prudencia y comedimiento, cualquiera que sea el caso en que se halle; y S. M. esta dispuesta a castigar muy severamente al que no guarde a toda clase de personas los miramientos y consideraciones que deben exigirse de individuos pertenecientes a una institución creada únicamente para asegurar el imperio de las leyes, la quietud y el orden interior de los pueblos, personas y bienes de los hombres pacíficos.

TÍTULO TERCERO
OBLIGACIONES DEL SOLDADO Y CABO DE INFANTERÍA O CABALLERÍA
DEL SOLDADO

  1. ARTÍCULO 1º. El recluta que llegare a una compañía se le destinará a una escuadra, de cuyo Cabo será enseñado a vestirse con propiedad y cuidar de sus armas, enterándose de la subordinación que desde el punto en que se alista en el servicio debe observar exactamente.
  2. 2º. En cualquier tiempo en que se siente su plaza recibirá la casaca, chupa (Parte del vestido que cubría el tronco del cuerpo, a veces con faldillas de la cintura abajo y con mangas ajustadas. Se ponía generalmente, incluso en traje militar, debajo de la casaca.), calzones y gorra en el estado de uso que estuviera el vestuario de la compañía que le toque, y se le dará el suyo con completo de botones, sin rotura ni remiendos mal hechos en paño o forro.
  3. 3º. Si entrase a servir antes de concluir la cuarta parte del tiempo fijado para la duración del vestuario, recibirá sin cargo alguno el completo de camisas, corbatines, medias, zapatos nuevos y gorro de cuartel. Cuando llegue el recluta después de fenecido el término señalado al uso del vestuario, solo recibirá sin cargo una camisa y un corbatín, con medias y zapatos nuevos; y estas mismas prendas han de dársele en cualquier tiempo que llegue a la compañía, después de distribuido el medio vestuario; y solo en caso de faltar dos meses o menos para la entrega del nuevo vestuario o medio, se le anticipará por cuenta de él una camisa, un corbatín, un par de medias y otro de zapatos.
  4. 4º. A ningún recluta se permitirá entrar de guardia hasta que sepa de memoria todas las obligaciones de un centinela, llevar bien su arma, marchar con soltura y aire, y hacer fuego con prontitud y orden.
  5. 5º. Desde que se le sienta su plaza ha de enterársele de que el valor, prontitud en la obediencia y grande exactitud en el servicio son objetos a que nunca ha de faltar, y el verdadero espíritu de la profesión.
  6. 6º. Obedecerá y respetara a todo Oficial y Sargento del Ejército, a los cabos primeros y segundos de su propio regimiento, y a cualquiera de otro que lo estuviere mandando, sea en guardia, destacamento, u otra función del servicio.
  7. 7º. Para que nunca alegue ignorancia que le exima de la pena correspondiente a la inobediencia que cometa, debe saber con precisión el nombre de los Cabos, Sargentos y Oficiales de su compañía, el de los Ayudante, Sargento Mayor, Teniente Coronel y Coronel y estar bien enterado de las leyes penales que se le leerán una vez al mes antes de la revista de Comisario (Comisario de Guerra. En la instrucción de 12 de enero de 1821 para el gobierno de la Hacienda militar se consignan sus funciones de este modo. Capítulo VIII. Art. 1º. Será obligación de los comisarios de guerra pasar revista mensual a los cuerpos de ejército, estado mayores de plazas y sus agregados, y examinar las nóminas de las demás clases militares no sujetas a revista. También les corresponderá el mando inmediato en los ramos de víveres, utensilios, hospitales, gastos de la parte material de artillería, y los de fortificación y cuarteles de las respectivas plazas o distritos a que los hubiese destinado el ordenador, hoy intendente militar.) en el mismo día de ella, a presencia del que mandare la Compañía.
  8. 8º. A todo Oficial general que halle sobre su marcha (no estando de facción) debe pararse y cuadrarse para saludarle al pasar, inclinando la cabeza y haciendo la cortesía con la mano derecha llevándola al escudo de la gorra, y al enderezar la cabeza dejara caer con aire la mano sobre los pliegues de la casaca, y a los Oficiales de cualquiera cuerpo, Sargento de su regimiento y Cabos de su compañía, se parará y hará la demostración de llevar la mano derecha al escudo de la gorra, sin inclinar el cuerpo ni la cabeza.
  9. 9º. A las justicias por su respeto y a las demás personas visibles, saludará sobre la marcha sin inclinar la cabeza ni parar, llevando la mano derecha al escudo de la gorra.
  10. 10º. El Soldado de infantería gozará cuarenta reales de vellón al mes, de los que reducido el descuento de inválidos, le quedarán treinta y nueve reales y dos maravedises, cuyo pret se distribuirá en la forma siguiente: tendrá nueve cuartos diarios de socorro, y de ellos dejará siete par su sustento que será en dos ranchos, el uno entre nueve y diez de la mañana y el otro después de la lista de la tarde, debiéndose enviar con anticipación la cena a los empleados de guardia. En el primer rancho comerá la tropa entrante del servicio antes montarlo y se reservará a la saliente la porción de su comida. Para lavar la ropa, comprar tabaco, hilo y demás menudos gastos, servirán los otros dos cuartos que le tocan cada día. Los siete reales y diez maravedises restante de pret mensual se retendrán en poder del Capitán para masita. (Pequeña cantidad de dinero que del haber de los soldados y cabos retenía el capitán para proveerlos de zapatos y ropa interior.)
  11. 11º. Con ella se le ha de proveer al soldado de medias, zapatos, camisas y demás prendas precisas para su entretenimiento; bien entendido, que cuanto se le comprase en el mismo pueblo en que estuviere, lo deberá ajustar precisamente el mismo interesado, y darse por satisfecho de su calidad y precio antes de tomarlo, sin que se le pueda jamás obligar a que se provea de tienda ni prendería determinada, quedando al Capitán u Oficial que mande la Compañía el solo arbitrio y cuidado de que sea la calidad buena y que no haya convenios fraudulentos.
  12. 12º. Siempre que para satisfacer algún empeño voluntario del soldado se le arrestase y pusiese a medio socorro, por ser insuficiente la masita para pagarle, no podrá ascender de dos meses el tiempo para pagarle, no podrá ascender de dos meses el tiempo de prisión; y si en ellos no hubiere satisfechos se le pondrá en libertad, y se le retendrán solamente los dos cuartos sobrantes de su rancho, para con ellos y su masita pagar el resto del su deuda.
  13. 13º. Si el vestuario y masita del soldado en tiempo de guerra no bastare para su preciso entretenimiento, quiero que formalmente se verifique, y que con conocimiento de la imposibilidad, se arregle la providencia oportuna de remedio, sin apelar a viciosos arbitrios que se han introducido; y es mi ánimo se corten como gravosos a mi Real Erario, y ofensivos al honor de los mismos Oficiales; y bajo este concepto mando que cada tres meses se ajuste la cuenta de los soldados, examinando y rubricando el Sargento mayor de cada uno, con conocimiento de su legalidad; se formará después por compañías una relación que exprese los empeños de los Soldados de cada una, la que certificará sobre su palabra de honor el Capitán; el Sargento mayor pondrá su cónstame y el Coronel su visto bueno. Se incluirá todas las relaciones en un resumen general certificado del Sargento mayor y Coronel, con declaración, bajo su palabra de honor, de ser legítimas las deudas que se expresan y de haberse en todo lo observado la mayor economía. Estos documentos lo pasarán los Jefes de los Cuerpos a su respectivo Inspector en campaña, quien con su visto bueno los entregará al General del Ejército, y este los dirigirá al Secretario del despacho de la Guerra para mi Real aprobación y que se expida al Intendente la orden de pago.
  14. 14º. En el esmero del cuidado de la ropa, consiste la ventaja de que el soldado no se empeñe, como que granjee el aprecio de sus Jefes, y para lograr uno y otro, se lavará, peinará y vestirá con aseo diariamente, tendrá los zapatos, hebillas y botones del vestido limpios, las medias tiradas; el corbatín bien puesto, su casaca, chupa y calzón, sin manchas, rotura ni mal remiendo, las caídas de pelo cortas, y con un solo bucle a cada lado, la gorra bien armada, y en todo su porte y aire marcial dará a conocer su buena instrucción y cuidado.
  15. 15º. No ha de llevar en su vestuario prenda alguna que no sea de uniforme; nunca se le permitirá ir de capa ni con redecilla, fumar por la calle, ni fuera de los cuerpos de guardia, sentarse en el suelo en calles ni plazas públicas, ni otra acción alguna que pueda causar desprecio a su persona.
  16. 16º. Se presentará muy aseado en la revista que cada mañana le pasará el Cabo de su escuadra; antes de salir del Cuartel reconocerá su arma quitándola el polvo; a la lista de la tarde asistirá con la misma puntualidad, y si sus Jefes hallasen por conveniente el pasar otras listas, será igualmente exacto en su cumplimiento.
  17. 17º. Habrá siempre que se pueda en cada compañía un sastre encargado de las composturas que ocurran en los vestidos de sus individuos, dándosele una corta gratificación por plaza, que satisfará de la masita, eximiéndole también de destacamentos, y solo será de su obligación poner el hilo; pero el paño, botones o forro deberá entregársele por cuenta del Soldado.
  18. 18º. Aun cuando esté sin arma marchará con despejo, manteniendo derecho el cuerpo, la cabeza levantada, el pecho fuera, los brazos caídos naturalmente, sin bracear de ningún modo, la gorra bien encasquetada y las rodillas tendidas; porque en su airoso y natural manejo debe la tropa en todas partes distinguirse, y acreditar la instrucción que se le ha dado.
  19. 19º. El que fuere ranchero irá a comprar con su casacón de lienzo y gorro de cuartel lo que necesitare para su rancho a la hora señalada, y cuidará de tenerlo pronto a las prevenidas para las comidas. Será de su obligación entregar con limpieza las sillas, tapaderas o vidriado en que coman, como apagar los fogones.
  20. 20º. En cada cuadra del cuartel habrá nombrado un cuartelero, y si en una misma hubiere más de una compañía, cada una tendrá el suyo; este barrerá la parte de la cuadra en que esté su compañía, no dejará sacar arma alguna sin orden del Oficial, Sargento o Cabo de la misma; embarazará que los soldados se entretengan en juegos prohibidos; que ninguno tome ropa de mochila o maleta que no sea propia, ni que esta la saque del cuartel sin noticia del Sargento o Cabo respectivo; cuidará de que las camas se le levanten a la hora señalada, y que las lámparas no se apaguen después de encendidas hasta amanecido.
  21. 21º. Se prohíbe bajo de severo castigo al soldado toda conversación que manifieste tibieza o desagrado en el servicio ni sentimiento de la fatiga que exige su obligación; teniendo entendido que para merecer ascenso, son calidades indispensable el invariable deseo de merecerlo, y un grande amor al oficio.
  22. 22º. Ningún soldado podrá exigir en el alojamiento que tuviere otra cosa que cama, luz, agua, vinagre, sal, asiento a la lumbre, y el que maltratase a su patrón se castigará a proporción del exceso.
  23. 23º. Desde que el soldado se le entrega su menaje, municiones y armas en el mejor estado, observará perfectamente el modo de cuidarlo todo con aseo y uso pronto de servicio, debiendo conocer las faltas de su fusil, y los nombres de cada pieza, el modo de armar y desarmar la llave y poner bien la piedra considerando las ventajas que le resultan de tener su arma bien cuidada.
  24. 24º. Conservando en buen estado su arma para el total servicio de ella, debe el soldado tener mucha confianza en su disciplina, y por ella seguridad de la victoria, persuadido de que lograra infaliblemente guardando su formación, estando atento y obediente al mando, haciendo sus fuegos con prontitud y buena dirección, y embistiendo intrépidamente con la arma blanca al enemigo cuando su Comandante lo ordene.
  25. 25º. Estando sobre las armas no podrá el soldado separarse con motivo alguno de su fila o compañía sin licencia del que le estuviere mandando; guardará profundo silencio, se mantendrá derecho y no se rascará ni hará movimiento inútil con pié ni mano, no saludará a persona alguna; pero cuando desfilare delante de algún Jefe, al llegar a su inmediación, volverá un poco la cabeza para mirarle como distintivo de su respeto.
  26. 26º. Se prohíbe a todo soldado el disparar su arma sin que lo disponga el que lo mande, a excepción de los casos que se prevendrá al centinela.
  27. 27º. El que en los ejercicios echase al suelo sus cartuchos o procurase ocultarlos en alguna parte, será severamente castigado.
  28. 28º. El soldado para entrar de guardia reconocerá con anticipación su arma y municiones llevando diez cartuchos, viendo si la piedra que lleva puesta y la de reserva están como deben, pues si en la revista que su cabo respectivo ha de pasarle antes de ir a la parada notase alguna falta, será a proporción de ella mortificado el que la tenga.
  29. 29º. Sin licencia del que mande la guardia, solicitada por conducto de su cabo, no podrá separarse de ella, y no solo en caso urgente, y a muy raro soldado, podrá concederse este permiso.
  30. 30º. Todo soldado inmediatamente que oyere a su oficial o cabo la voz a las armas, deberá con prontitud y silencio acudir a ellas y formarse, descansando sobre la suya en su puesto para ejecutar cuanto disponga su Jefe.
  31. 31º. El soldado que se enviare de una guardia a llevar algún parte por escrito o verbal, marchará con su fusil hasta llegar a la persona a quien fuese dirigido, a un paso de ella presentará la arma, si fuese de grado a quien la presentaría en centinela, y le dará el parte que lleva, sea verbal o por escrito y después de recibir la orden que le diere, pondrá al hombro su fusil, dará media vuelta a la derecha, y volverá a su puesto, cuya formalidad practicará en igual caso con cualquiera otra persona, manteniendo siempre su arma al hombro.
  32. 32º. El que se embriagase estando de servicio se remitirá en derechura a su cuartel, pidiendo el relevo con noticia de su falta, para que el Jefe de su cuerpo le castigue con pena arbitraria, pero no deberá removérsele de la guardia, hasta que se halle en estado de ejecutarlo por su pie.
  33. 33º. Debiendo regularse la fuerza de cada guardia al número de cuatro hombres por centinela de las que fuesen indispensables, que corresponden a cuatro turnos; de los que el uno se emplea de centinela, deberá haber otro vigilante y dos de descanso; en inteligencia de que el vigilante no podrá entrar en el cuerpo de guardia sino en el caso de lluvia o nieve según su fuerza que graduará el Jefe que mandare el puesto.
  34. 34º. Al que le toque entrar de centinela, cuando fuese llamado por su cabo seguirá con el arma bien puesta al hombro, y en llegando a la que debe mudar, la presentarán ambas. La saliente explicará a la entrante con mucha claridad las obligaciones particulares de su puesto; el cabo las oirá con atención, y satisfecho de que la consigna esta bien dada, o renovando lo que hubiese omitido la centinela saliente encargará a la entrante la exacta observancia de lo que se le ha entregado, y que tenga presentes las obligaciones generales que se le han señalado.
  35. 35º. Todo centinela hará respetar su persona; y si cualquiera quisiere atropellarle, le prevendrá que se contenga; si no le obedeciere llamará a su cabo para dar parte a su Comandante; pero si en desprecio de esta advertencia prosiguiese la persona apercibida a forzar la centinela o atropellase, en cualquiera forma usará de su arma.
  36. 36º. El que estuviere de centinela no entregará su arma a persona alguna; y mientras se hallare en tal facción, no podrá el mismo Oficial de la guardia castigarle, ni aún con palabras injuriosas reprenderle.
  37. 37º. No permitirá que a la inmediación de su puesto haya ruido, se arme pendencia ni haga porquería alguna.
  38. 38º. No tendrá mientras esté de centinela conversación con persona alguna, ni aún con soldado de su guardia, dedicando todo su cuidado a la vigilancia de su puesto; no podrá sentarse, dormir, comer, beber, fumar ni hacer otra cosa alguna que desdiga de la decencia con que debe estar, ni le distraiga la atención que exige una obligación tan importante, pero si podrá pasearse sin extenderse más de diez pasos de su lugar, con la precisa circunstancia de nunca perder de vista todos los objetos a que debe atender, ni abandonar su puesto, bajo la pena que le corresponde.
  39. 39º. Nunca dejará el arma de la mano, manteniéndola al hombro o descansando sobre ella, de cuyas dos posiciones podrán usar, la primera para pasearse, y la segunda para mantenerse a pie firme, debiendo en cuanto pueda alejar de sí todo tropel de gente.
  40. 40º. El que estuviere de centinela a las armas cuidará con vigilancia de que nadie las reconozca, ni quite alguna de su puesto; estará atento a las conversaciones de los soldados, para avisar de cualquier especie que merezca la noticia del Jefe de la guardia, y procurará que la gente que pasare lo haga en cuanto sea posible, sin arrimarse tanto a las armas que las toque.
  41. 41º. Toda centinela por cuya inmediación pasare algún Oficial, deberá pararse, poner bien su arma al hombro, mirar a la campaña, si estuviere en la muralla, y sin en la puerta u otro puesto de una plaza, al Oficial; y si fuera persona a quien corresponda el honor de presentar las armas lo ejecutará igualmente que la guardia de que es parte.
  42. 42º. Si estando en la puerta de una plaza viere venir alguna tropa armada, o pelotón de gente, llamará luego a su cabo, y a proporción que se acercare continuará su aviso; y en el caso de que el cabo no le haya oído, o que la celeridad de los que se acercan no le haya dado tiempo para acudir, la misma centinela cerrará la barrera o puerta, si la hubiere, mandará hacer alto a los que se aproximen, y si en desprecio de este aviso pasasen adelante, defenderá su puesto con fuego y bayoneta hasta perder la vida.
  43. 43º. La centinela que viere medir con pasos, cuerda, perchas, o de cualquiera otro modo la muralla, foso, camino o glacis (En las fortificaciones, espacio entre la cresta del camino cubierto o del talud de contraescarpa y el terreno natural.) de la fortificación, o que alguno con papel, pluma o lápiz hace apuntación o observación con cualquiera instrumento, dará pronto aviso a su cabo; y si la persona que hubiese intentado las expresadas medidas o reconocimiento se fuere alejando; lo mandará que se detenga llamándole , y si a la tercera vez de su mando no obedeciese le hará fuego; debiendo practicar lo mismo con los que reconociesen la artillería o minas, escalasen la muralla, o hiciesen daño en la estacada.
  44. 44º. Si viese incendio, oyese tiros, reparase pendencia o cualquier desorden, dará pronto aviso a su cabo; y si entretanto que este llegase, pudiere remediar o contener algo, sin apartarse de su puesto, lo ejecutará.
  45. 45º. Todas las órdenes que la centinela reciba han de dársele por conducto de su cabo; pero si en algún caso particular quisiere dar alguna por sí, el Comandante de la guardia, la recibirá, obedecerá y reservará, si así lo encargare el Oficial.
  46. 46º. A persona ninguna podrá comunicar las órdenes que tenga sino al cabo o Comandante de la guardia, en caso que se le mandaren, y al primero deberá callar las que el segundo como superior le haya dado con prevención de reservarlas, en el caso que explica el artículo antecedente.
  47. 47º. La centinela no se dejará mudar sin presencia del cabo; y mientras estuviere de facción, no entrará en la garita de día ni de noche, a excepción de una crecida lluvia o nieve, o que el rigor del calor persuada al Gobernador o Comandante a permitirlo en las horas que señalare del día, debiendo tener siempre abiertas las ventanas de las garitas.
  48. 48º. Toda centinela tendrá especial cuidado de dar con la posible anticipación aviso a su guardia, cuando viere venir a ella algún Jefe de plaza u otra persona a quien correspondan honores.
  49. 49º. Las centinelas de un recinto o cordón que pudieren comunicarse, pasarán la palabra cada cuarto de hora desde la retreta hasta la diana en esta forma: centinela alerta, y con las mismas voces pasará de una a otra, empezando por el paraje que estuviere señalado.
  50. 50º. Toda centinela apostado en la muralla, puerta o paraje que pida precaución, desde la retreta hasta la diana dará el quién vive a cuantos llegaren a su inmediación, y respondiendo España, preguntará ¿qué gente? y si fuere en campaña ¿qué regimiento? Si los preguntados respondiesen mal, o dejasen de responder, repetirá el quién vive dos veces; y sucediendo lo mismo, llamará a la guardia para arrestarle, y en caso de huir entonces, dando con este fundado motivo de sospechar que sea persona mal intencionada le hará fuego.
  51. 51º. Siempre que al quién vive de una centinela apostada en la muralla se le respondiere ronda mayor, ronda, contrarronda o rondilla, la hará hacer alto y avisará al cabo de escuadra, para que reciba como corresponde, y lo mismo practicarán las centinelas en campaña, si al preguntar ¿qué regimiento? respondieren General u Oficial de día.
  52. 52º. Cuando pasen las rondas, presentará su arma toda centinela, y hará frente al campo, si estuviere en la muralla, y si en otro puesto al objeto que le esté encargado.
  53. 53º. Las centinelas que estuvieren a los flancos y retaguardia de cada batallón campado, solo permitirán a todo General y Oficiales de día al pasear a caballo por las calles que forman las compañas, y no dejarán que entre paisano alguno sin licencia del Capitán de la guardia de prevención, ni aún sargento, cabo o soldado de otro regimiento.
  54. 54º. Las centinelas de un campo no permitirán de noche que persona alguna extraña entre en las tiendas sin que proceda el permiso del Oficial que mande la guardia de prevención, y cuando alguno se acercare, avisarán a la guardia para hacerle reconocer.
  55. 55º. También impedirán que salga por vanguardia, retaguardia ni flancos de los batallones campados, soldado ni cabo que no tenga el pase del Capitán de la Guardia de prevención quien hará constar el permiso que le han dado.
  56. 56º. Las centinelas que estuvieren en el recinto de una plaza, o en campaña, no dejarán que se les acerque de noche persona alguna a la distancia de cuarenta a cincuenta pasos, que no explique ser amigo, y le mandará hacer alto para que dando aviso a la guardia, se le reconozca antes de franquearle el paso.
  57. 57º. Cuando llueva cubrirá la centinela la llave de su arma en la posición que especifica el manejo de ella.
  58. 58º. Todo soldado sea en paz o en guerra hará por el conducto del cabo de su respectiva escuadra las solicitudes que tuviere; y solo podrá acudir en derechura a sus Sargentos y oficiales, cuando sean asuntos que no tengan conexión con el servicio, o queja de alguno de sus inmediatos.
  59. 59º. A ningún soldado se le mantendrá preso más tiempo de dos meses, a excepción de los casos de deserción, cuyos castigos están arreglados en el título que trata de este crimen, durante el tiempo de su arresto, siempre que su delito no sea capital, se le obligará a hacer diariamente una hora de ejercicio en la misma plaza del cuartel, para que su salud no descaezca ni le olvide.
  60. 60º. Al Soldado de infantería que quisiere trabajar en su oficio en la misma plaza o inmediación del pueblo en que estuviere el regimiento, no se le embarazará, como su conducta sea buena, y que halle quien haga sus guardias, ni se exigirá de él cosa alguna por este permiso, quedándole el arbitrio de ajustar y pagar él mismo a quien la monte; pero deberá precisamente el que trabajase en el recinto, dormir en su cuartel y compañía; y siendo fuera del pueblo en las labores del campo, quedará al arbitrio del Jefe el dispensarlo, sin que en uno ni otro caso se le indulte de los ejercicios que le correspondan, ni hacer por sí formalmente dos guardias cada mes, una en el cuartel y otra en la plaza.
  61. 61º. A ningún soldado cumplido se dilatará su licencia, pero si por alguna equivocación o inesperado accidente llegase este caso, desde el mismo día en que haya cumplido su empeño hasta en el que se le entregase su licencia, se le dará toda la gratificación que ha devengado su plaza.

DEL CABO

  1. ARTÍCULO 1º. El Cabo de escuadra debe saber todas las obligaciones del soldado explicadas en el título antecedente para enseñarlas y hacerlas cumplir exactamente en su escuadra, guardias, destacamentos y cualquiera tropa en que tenga mando; y además observara las siguientes.
  2. 2º. Para el cuidado de cada cuadra habrá un Cabo primero y un segundo, quedando los soldados de ella a cargo de este en ausencia del primero; y para suplir las veces del segundo, elegirá el Capitán el soldado que juzgare más apropósito; el Cabo segundo, cuya escuadra sea la más bien cuidada y mejor instruida, será preferido para primero; y el que de esta clase se distinga más en el mando y gobierno de la suya, será atendido para sargento en la primera vacante de su compañía.
  3. 3º. Para ascender a Cabo, deberá precisamente preceder el examen de su aptitud, que hará el Sargento mayor, y este consistirá en que nada debe ignorar de las obligaciones del Soldado, ni de las que explica este título para Cabos, cuya elección en las dos clases de segundos y primeros ha de hacerse en la misma compañía en que ocurra la vacante, a excepción de cuando convenga atender a soldado o segundo Cabo de otra por particular capacidad o mérito con conocimiento del Coronel.
  4. 4º. Las funciones del Cabo segundo son las mismas que las del primero, a quien estará siempre subordinado, deberá vigilar el exacto cumplimiento de todas las órdenes que se dieren a su escuadra, las obligaciones generales de los soldados y lo que se explica en este título para los cabos primeros, cuyas funciones hará en ausencia de estos, y en todos los puestos y casos en que estuviere.
  5. 5º. El Cabo como jefe más inmediato del soldado se hará querer y respetar de él, no le disimulará jamás las faltas de subordinación; infundirá en los de su escuadra amor al oficio, y mucha exactitud en el desempeño de sus obligaciones; será firme en el mando, graciable en lo que pueda, castigará sin cólera, y será medido en sus palabras aun cuando reprenda.
  6. 6º. Cuidará que cada soldado de su escuadra sepa su obligación; enseñará el modo de vestirse con propiedad, conservar sus armas en el mejor estado, conocer sus piezas y faltas, poner bien las piedras y apuntar con bala.
  7. 7º. Para la limpieza y conservación del armamento tendrá en su respectiva escuadra, un bruñidor, un pequeño martillo, un desarmador y un mazo de madera para ajustar las bayonetas al cañón, y de estos cuidará siempre el Cabo, haciendo al cuartelero la diaria responsabilidad.
  8. 8º. Instruirá los soldados de su escuadra con prolija atención en el paso corto, regular, redoblado, oblicuo, circular y de hilera; perfeccionando en esto, y dando al soldado un aire marcial y mucha soltura, le enseñará el manejo del arma y fuego con arreglo a lo que se prevendrá en el de ejercicios.
  9. 9º. El Cabo será siempre responsable del aseo, buen estado del armamento, cuidado del vestuario, puntualidad y economía de los ranchos, subordinación y policía de su escuadra, y a él hará el Sargento cargo de cualquier defecto que notare.
  10. 10º. Cada escuadra tendrá un cepillo y dos toallas para mayor limpieza del soldado y conservación de su vestuario.
  11. 11º. El Cabo revistará su escuadra todas las mañanas a la hora señalada en el regimiento; si algún soldado no se presentare en ella con el aseo debido, providenciara su pronto remedio, y si el descuido lo fuese de reincidencia, le mantendrá todo aquel día arrestado en la compañía.
    Después de la revista de la limpieza personal hará que cada soldado en su presencia reconozca sus armas y las quite el polvo; concluido dará parte al Sargento de estar su escuadra aseada y las armas corrientes, noticiándole al mismo tiempo cualquiera novedad o providencia que hubiera tomado.
  12. 12º. Siempre que la escuadra tomase las armas, sea para revista o inspección de Comisario, guardia de plaza, destacamento, ejercicios u otro motivo, el Cabo de ella la formará en ala con la debida anticipación, sacándola del cuartel con unión y orden, mandara armar la bayoneta, poner la baqueta en le cañón y sacarlo al frente, reconocerá cada arma con mucha prodigalidad; y por el tocado de la baqueta verá si en el interior del cañón hay cosa extraña o suciedad; cuidará de examinar si la bayoneta está bien ajustada al fusil, los muelles corrientes, el rastrillo con buen temple, la piedra buena y bien puesta con zapatilla de baqueta, y si en todas sus parte esta su arma en buen estado, concluida la revista de armas hará reconocimiento de las municiones; y tanto de frente como de espalda, examinará todo el aseo y estado del vestuario y correaje; remediará prontamente las faltas que notare; y si hubiese algunas que no pueda por entonces, dispondrá se enmienden con la brevedad posible. Luego que se presente el Sargento, y que el Cabo haya hecho su revista, le dará noticia exacta del número de los presentes, nombres y destinos de los ausentes, estado de armamento y aseo de escuadra y la misma formalidad observará con los soldados de ella que entran de guardia diariamente, y con cualquiera número de ellos que se destine para función del servicio.
  13. 13º. El Cabo estará en todo subordinado al Sargento para cualquier asunto del servicio, y solo podrá acudir a su Subteniente, en caso de tener queja del Sargento, el Teniente cuando tenga de ambos; y al Capitán y demás Jefes por graduación siempre que no se le haga justicia.
  14. 14º. El Cabo primero y el segundo, recibirán con gorra quitada la orden del Sargento, y poniéndosela después de este acto el primero, formará en ala de su escuadra para comunicarlo a sus soldados; estos y el Cabo segundo se descubrirán a un mismo tiempo, manteniendo su gorra en la mano derecha, que dejarán caer con aire y uniformidad sobre los pliegues de la casaca; y en esta disposición, guardando todos silencio y compostura, les explicará el primer Cabo la orden general que haya recibido, nombrará los que entran de servicio el día siguiente y añadirá las prevenciones que tenga por convenientes para la policía y gobierno de su escuadra.
  15. 15º. Tendrá una lista de su escuadra por antigüedad; otra por estatura y otra en que estarán asentadas todas las prendas de su vestuario y armamento, con el número o marca de cada fusil.
  16. 16º. EL Cabo primero y segundo tendrán una vara sin labrar, del grueso de un dedo regular, y que pueda doblarse, a fin de el uso (con el soldado) de esta insignia que distingue al Cabo, no tenga malas resultas.
  17. 17º. El Cabo tendrá autoridad para arrestar en la compañía cualquiera soldado de su escuadra; y en el solo caso de desobedecerle o responderle con insolencia, le será permitido el castigarle con su vara, pero sin pasar de dos o tres golpes y estos en la espalda o paraje que no pueda lastimarle gravemente; en cualquiera de los casos antecedentes dará parte al Sargento, para que por el conducto de este llegue la falta y el castigo a la noticia de Oficiales de su Compañía.
  18. 18º. En los ejercicios, funciones de guerra y toda información, los Cabos reemplazarán a los Sargentos que faltaren para el completo, y entonces llevarán las armas afianzadas.
  19. 19º. El que vaya mandando una guardia o destacamento marchará a la cabeza de ella, y llevará el arma afianzada.
  20. 20º. Si el Cabo tolerase en su escuadra o tropa que mandase faltas de subordinación, murmuraciones contra el servicio, o conversaciones poco respetuosas de sus Oficiales, será depuesto de la escuadra, y obligado a servir diez años de último soldado; pero para esto se hará una justificación formal, a cuyo pié pondrá el Sargento mayor su dictamen, y el Coronel la orden para la privación.
  21. 21º. Par llevar y dar la orden a su Oficial, tendrá el Cabo su arma afianzada, y después de recibir la que aquel le comunique, dará media vuelta a la derecha y se retirará.
  22. 22º. El Cabo cuidará de que la parte del cuartel que corresponda a su escuadra esté con el mayor aseo, las armas puestas en la mejor forma, las mochilas colgadas; que no se pongan clavos en la pared sin licencia de su Capitán, y que las mesas, bancos, tinajas, ollas, tapaderas y demás muebles que hubiere, se tengan limpios y cuidados.
  23. 23º. El Cabo vigilará que su escuadra reciba la leña, camas, y aceite que le corresponda; que se muden las sábanas cada mes, y que toda la ropa que le entregare la provisión sea de recibo; en inteligencia de que cuando en cualquiera de estos asuntos reconociera falta, ha de acudir al Sargento de su compañía, quien dará parte a su Subteniente, para que por el conducto regular se remedie.
  24. 24º. Cuando se retiraren las escuadras del ejercicio, si algún soldado se atreviese a tirar, y el Cabo dejase de ponerlo preso y dar parte a su Sargento para que llegue a noticia de su Capitán, se castigará al mismo Cabo con un mes de prisión.
  25. 25º. El que teniendo tropa a su orden no la haga observar una exacta disciplina, será castigado severamente.
  26. 26º. Siempre que los soldados tomen las armas, cuidará el Cabo de que cuantos movimientos ejecutaren del manejo de ella, sean con mucho aire y exactitud; y que en su marcha, formación y puntualidad acrediten su buena disciplina.
  27. 27º. Los Cabos en su trato con los soldados serán sostenidos y decentes, darán a todos el usted, les llamarán por su propio nombre, y nunca se valdrán de apodos, ni permitirán que los soldados entre si usen de voces ni chanzas de mala crianza.
  28. 28º. El Cabo primero visitará con frecuencia los enfermos que hubiese de su escuadra en el hospital; y cuando no pueda por si hará que lo ejecute el Cabo segundo o soldado que hiciera sus veces.
  29. 29º. El Cabo que encontrase fuera del cuartel un soldado desastrado, borracho, o cometiendo cualquier exceso, sea o no de su compañía, le conducirá al cuartel preso y dará parte a su compañía o al Oficial de la guardia de prevención.
  30. 30º. Cuando entre de guardia y llegue con ella a formarse enfrente de la saliente, pedirá a su Sargento o inmediato jefe licencia para entregarse del puesto y mudar las centinelas; conseguido el permiso del que mande la guardia, numerará los soldados desde uno hasta que termine el número, eligiendo para la centinela de las armas al más experto y de mayor confianza entre los destinados al relevo de ellas, y dejando para ordenanza uno o dos soldados de agilidad y despejo, según convenga en aquel puesto.
  31. 31º. El Cabo entrante se acercara al saliente, y sabido el número de centinelas que debe mantener de día y de noche, llamará los soldados que deben mudar las salientes; ambos Cabos con las armas afianzadas marcharán juntos a la primera muda, que se hará con la formalidad expresada en el artículo 34, título 1º de este tratado; y durante su marcha hasta el puesto de la primera centinela, enterará el Cabo saliente al entrante de las órdenes de que aquella esta encargada, para que instruidos ambos cuando lleguen a mudarla, presencien la entrega de una a otra, y aseguren más la importancia de que no se equivoque la consigna, repitiendo esta formalidad en todas las demás que relevasen.
  32. 32º. Si en la guardia hubiese dos Cabos, el uno cuidará del relevo de las centinelas, y el otro se entregará del cuerpo de guardia, muebles, aseo del puesto y ordenes particulares que hubiere en él; este por el conducto de su inmediato jefe pedirá permiso para entregarse del puesto; y cuando hubiere parte de centinelas muy distantes de las otras, ayudara a mudarlas el Cabo que se entrega del cuerpo de guardia, debiendo ambos, luego que hayan concluido sus funciones, avisar de haber mudado las centinelas, y consignándose del puesto, dando parte al mismo tiempo de cualquiera novedad o falta que hubiesen observado; y si no lo ejecutasen, estarán sujetos a la pena correspondiente al exceso o falta.
  33. 33º. Si el Cabo que fuere jefe de una guardia tuviese una centinela separada, a más de la de las armas, y distante, o no vista desde esta, asistirá a la muda de la primera por sí mismo, y enviará con el relevo de la más separada el soldado que sea de su satisfacción para suplirle; pero este no ha de eximirse de hacer su centinela cuando le toque, en cuyo caso se nombrará otro que presencia la entrega.
  34. 34º. Cuando haya dos Cabos en una guardia, uno de ellos alternativamente estará siempre sentado o en pié a la inmediación de las armas; y ambos siempre atentos a las conversaciones y acciones de los soldados.
  35. 35º. El Cabo prevendrá a la centinela, cuando le deje en su puesto, que a más de las órdenes particulares que le hubiere entregado la saliente, observe exactamente todas las generales de una centinela.
  36. 36º. El Cabo cuidará de llevar las centinelas entrantes y salientes con la mayor formalidad, antes de marchar, reconocerá las armas de las entrantes, cuidará de que estén cargadas, cebadas, y en buen estado de servicio, y no marchará con las entrantes ni despedirá las salientes, cuando se restituye a su guardia, sin permiso de su jefe.
  37. 37º. El Cabo de una guardia debe ser la confianza y descanso de sus jefes, la vigilancia y desempeño de las centinelas, aseo de su tropa y puntual cumplimiento de todas las ordenes que se dieren, son atenciones indispensables y propias de su obligación e instituto.
  38. 38º. Las centinelas se relevarán de dos en dos horas; y solo se variará esta regla, limitando cada hora y muda, cuando el excesivo calor o frío precise a ejecutarlo.
  39. 39º. El Cabo de cada guardia (sea en guarnición o campaña) visitará de día con frecuencia a sus centinelas; y de noche lo ejecutará cada media hora, dándole para esto el Oficial una señal, que oída de los centinelas a distancia competente, reconozcan ser la visita de su Cabo, Sargento u Oficial; y a fin de que las guardia inmediatas no lo ignoren, y que sus centinelas no extrañen el ruido, se la comunicarán recíprocamente los jefes de las guardias confinantes.
  40. 40º. Una muda de cuatro centinelas se conducirá en una fila; de seis hasta ocho en dos; de nueve hasta doce en tres; el Cabo marchará un poco adelante del centro de la primera fila, y cuidará con frecuente observación de que su tropa le siga con el silencio y buen orden que debe.
  41. 41º. El Cabo que mandare una guardia (y lo mismo otro en igual caso,) luego que se haya entregado el puesto, reconocerá las armas y municiones de su guardia, y cuidará que todas estén en el mejor estado; concluida esta revista, hará arrimar las armas, formará su guardia en rueda, leerá las obligaciones de las centinelas, y añadirá las órdenes o prevenciones peculiares de la plaza, y suyas para aquel puesto; esto es, las que puedan ser públicas y no sean reservadas al Cabo de la guardia para su particular atención y conducta.
  42. 42º. El que mandare guardia que dependa de una plaza en caso de oír tiros, ver fuego, señal de alarma o cualquiera alboroto, la pondrá inmediatamente sobre las armas; si hubiera barreras las cerrará y tomará las demás precauciones que juzgare conducentes a su seguridad; sin perder instante enviará un soldado a dar parte de palabra a la plaza de la concurrencia, y seguirá de allí a poco otro parte por escrito. Cuando la guardia sea la del cuartel, dará este aviso a su Coronel al mismo tiempo que a la plaza; y si la novedad mereciese alguna atención prevendrá a todas las compañías que se vistan y apronten para tomar las armas a primera orden.
  43. 43º. Todo jefe de guardia sea Cabo, Sargento u Oficial llevará consigo papel para escribir los partes por sí mismo; pues toca solamente al que manda el puesto esta confianza, y la responsabilidad de la explicación en las novedades de que diere cuenta.
  44. 44º. El Cabo que estuviere mandando un puesto enviará por la orden un soldado al _self o paraje señalado para darle siempre que estuviere independiente; pero si estuviere en avanzada, o paraje dependiente de otro puesto, enviará por la orden a la guardia de que ha sido destacado.
  45. 45º. En todas las plazas donde no haya mucha o poca guarnición, y si pudiesen comunicar el recinto o puestos de el, saldrá después de tocada la retreta desde el puesto _self (si estuviere sobre la muralla) o del que en ella nombrare el Gobernador, una rondilla que hará un Cabo de escuadra con un farol o punta de mecha encendida, para asegurarse de la vigilancia y desempeño de todas las centinelas que encuentre de puesto a puesto y encargarles que cumplan con su obligación.
  46. 46º. Este Cabo llegando al cuerpo de Guardia inmediato por su derecha, entregará el farol a otro Cabo de él, el cual sin pérdida de tiempo ejecutará igual servicio por su derecha, y continuándose lo mismo de puesto en puesto, correrá esta rondilla sucesivamente sin cesar ni detenerse en toda la noche, hasta que después de haber tocado la diana, pare el farol en el puesto de donde salió, en el cual ha de estar la providencia para mantenerle y cuidarle.
  47. 47º. En tocando la diana, después de abierta la puerta y hecho el reconocimiento exterior que debe prenderle, mandará el Cabo a la mitad de su guardia no empleada en las centinelas que se laven, peinen, limpien los zapatos y se aseen en cuanto sea posible, dándoles para esto un media hora, la cual concluida los revistará y hará que la otra mitad ejecute lo mismo, debiendo el soldado estar en su guardia con el propio aseo que si acabase de salir de su cuartel, después de relevadas las centinelas por otras ya peinadas, se hará que la saliente a un propio se pongan en igual estado.
  48. 48º. Los Cabos harán barrer cada mañana el cuerpo de guardia y toda la inmediación de su puesto, para cuyo fin dará a la plaza las escobas necesarias.
  49. 49º. Los Cabos y soldados habilitados para recibir la orden formarán rueda con los Sargentos destinados igual fin, prefiriendo en el círculo (con inmediación por su derecha al Sargento mayor o Ayudante que la distribuya) los Sargentos, a que seguirán los Cabos, y a estos los soldados, tomando dentro de cada clase su respectivo lugar por antigüedad de cuerpos; y para no permitir que persona alguna se acerque, se proveerán de la guardia del _self cuatro centinelas que se mantendrán con las armas presentadas, y la espalda al círculo, mientras el Sargento mayor o Ayudante estuviere dentro de él.
  50. 50º. El que mandare una guardia se pondrá a la derecha o izquierda se de ella, según el paraje donde formase su cabeza.
  51. 51º. Cuando una guardia (sea en tiempo de paz o de guerra) viere acercársele una tropa armada o cualquiera tropel de gente deberá por precaución ponerse sobre las armas, y si hubiere alguna desconfianza de ella, reconocerla, no permitiendo entrar en la plaza fuerza armada que pase de cuatro hombres sin orden del Comandante de ella, a menos que se tropa de guarnición que hay salido para hacer ejercicio, y haya orden general para su salida y entrada.
  52. 52º. Cuando en tiempo de guerra se presenten carruajes a la puerta de una plaza para entrar en ella, serán antes reconocidos por un Cabo y algunos soldados, a fin de examinar si hay algo que indique sorpresa.
  53. 53º. El Cabo que estuviere mandando guardia de entrada de una plaza, examinará a todo el que introduzca en el pueblo y no fuere residente en él o hombre de conocido oficio o trato, y nacional, pondrá por escrito su nombre, empleo, el paraje de donde viene y la casa y calle donde va a posar; tomadas esas noticias, si fuere Oficial de mis tropas le dejara pasar libremente, y si lo fuere en servicio de otro Príncipe, o paisano forastero, le hará acompañar por un soldado a casa del Gobernador o Comandante.
  54. 54º. Cuando las centinelas de las guardias dieren aviso que viene ronda mayor, ordinaria o rondilla, lo advertirá el Cabo de escuadra al que mandare la guardia, quien enviará un Sargento o Cabo con cuatro soldados a reconocer si es la ronda que se ha nombrado; y si el Cabo se hallase Jefe del puesto, hará salir dos soldados suyos al reconocimiento, instruyendo a estos de lo que practicarán si él los condujese, para que cumplan en la propia forma, en cuyo caso el más antiguo de los dos llevará la representación del Cabo.
  55. 55º. Si fuere ronda o contrarronda ordinaria, saldrá el Cabo de escuadra con dos soldados a reconocerla y la hará adelantar a diez pasos de las armas, y presentando el mismo Cabo, su bayoneta al pecho de la ronda, se hará dar el santo y la contraseña.
  56. 56º. Si estando de jefe un Cabo en guardia avanzada se presentase algún tambor o trompeta que venga de los enemigos, hará que se venden los ojos, y le enviará de puesto en puesto al Comandante de la plaza, previniendo que no se detenga en el camino ni hable con persona alguna hasta que se presente al Comandante.
  57. 57º. El Cabo que mandare guardia de campo cuidará de que esté siempre con la cara al enemigo, y aunque pasemos Nos, se mantendrá formada con el frente a él haciendo en esta disposición los honores a las personas que los tuvieren.
  58. 58º. Cuando los Brigadieres de día visitaren los puestos, las guardias se pondrán en ala descansando sobre las armas y el Cabo en el lugar que corresponda, según la presentación que tenga de Jefe o subordinado.
  59. 59º. Cuando el Coronel de día visitare los puestos, los soldados de guardia se pondrán al pie de sus armas, y el Cabo en el lugar que le tocare.
  60. 60º. Cuando las tropas se desalojaren de un cuartel, el Cabo cuidará de que se apaguen los fuegos que tuviere su escuadra.
  61. 61º. Siempre que se encontraren sobre la marcha tropas yentes y vinientes, la que vuelve de facción deberá ceder, y hacer lugar a la que lleva destino a ella, no habiendo espacio para continuar ambas su viaje, pero habiéndole, le proseguirán tomando cada tropa la izquierda de la hora tanto en caminos cuanto en plazas o calles.
  62. 62º. Toda tropa que marche sin armas con cualquiera destino que lleve, cederá a la que vaya con ellas; y toda tropa que no tuviere banderas o estandartes cederá a la que los tuviere.
  63. 63º. En todas las marchas que haga una compañía, el Cabo será responsable de no dejar que se separe soldado alguno de su escuadra, ni que se mezclen con los de otra; y cuando algún soldado tuviere precisión natural para detenerse, si fuere nuevo en la compañía, debe prevenir al Cabo segundo de que le espere, o a uno de los soldados de confianza, y atender por sí a la pronta incorporación de ambos.
  64. 64º. Si en la marcha enfermase algún soldado de modo que no pueda seguirla, dará el Cabo inmediatamente parte al Sargento; y en su defecto al Subteniente para que llegue a noticia del Capitán o Comandante de la Compañía, quien dará la providencia que requiera el caso.
  65. 65º. Cuando llegue la compañía al pueblo de su tránsito el Cabo recibirá del Sargento las boletas para su escuadra; elegirá para sí la mejor casa, y dejando la segunda para el segundo cabo o el que hiciere sus veces, hará que los soldados sorteen las demás boletas; visitará cada casa para ver si el soldado tiene en ella la debida asistencia, y avisará a todos los patrones en que casa se aloja para que acudan a él si tuviesen que dar alguna queja.
  66. 66º. Para dar la orden, pasara lista y revistas de aseo y armamento, señalará el Cabo a los soldados de su escuadra la hora en que deben acudir a la casa donde se aloja, y en los días de marcha les prevendrá asimismo la hora en que deben estar en su puerta con armas y mochilas, procurando anticiparla, para que no se retarde la incorporación de la compañía en el paraje señalado.

OBLIGACIONES DEL SOLDADO Y CABO DE CABALLERÍA

  1. ARTÍCULO 1º. Además de las obligaciones explicadas en los títulos antecedentes (que en los puntos de policía, subordinación, disciplina, respecto a los superiores y exactitud en el servicio son comunes a todo soldado y cabo en general) deben los de caballería y dragones (Soldado que hacía el servicio alternativamente a pie o a caballo.) por su instituto de montado observar cuanto previenen los artículos siguientes.
  2. 2º. A la entrada de un recluta en los cuerpos de estas clases, debe entregársele en su compañía su vestuario, armamento y montura imponiéndole por menor en el nombre de las piezas de cada cosa y uso que debe hacer todo, para que con conocimiento de razón de lo que se inutilice, pierda o rompa como responsable de su cuidado.
  3. 3º. No han de cargársele a su entrada los menajes de su montura y limpieza de caballo, como son bruza, almohada, morra, saco, maleta, manta del caballo, cabeza de pesebre y cabezón.
  4. 4º. Tanto el soldado de caballería como el de dragones debe estar instruido del servicio de a pie y a caballo para ejecutarlo con aire, desembarazo y propiedad en cualquier acto; y para conseguirlo ha de enseñársele cuando entra de recluta el modo y seguridad de montar, y el manejar el caballo con la rienda de la brida; advirtiéndole que si conoce que con el bocado que lleva no se gobierna suavemente, lo avise al Cabo de su escuadra para que oportunamente se remiende aquella falta.
  5. 5º. Debe instruirse en el modo de manejar su caballo, y cuidar de su conservación y útil estado de servicio, limpiándole dos veces al día a las horas que señale el comandante del Cuartel, en el verano al fresco y en el invierno en la caballeriza, manteniéndolo en la primera estación hasta la hora regular del volverlo al pesebre para darle pienso y cebada, otro se le ha de dar al medio día y el tercero a la tarde después de haberle limpiado.
  6. 6º. Dara agua al caballo dos veces al día en el verano y una en el invierno a las horas que señale el Comandante, limpiándole antes de sacarlo de la caballeriza, y cuidará de abrigarle en tiempo frío con la manta ajustada con la cincha, quitándole uno y otro por la noche antes de la hora regular en que suelen echarse los caballos, a cuyo tiempo deben cerrarse las ventanas de la caballeriza.
  7. 7º. Mirará con frecuencia el bocado a su caballo para reconocer si tiene alguna raspa de la paja, observará si toma el agua como los demás días; y si advierte alguna novedad en esto y que deje de comer la cebada o cosa que indique enfermedad, avisará a su Cabo puntualmente.
  8. 8º. Antes de dar cebada la pasará por un cribillo que de haber en cada cuadra para limpiarla de toda broza, polvo y piedrecilla que dan tos al caballo.
  9. 9º. En el primer día de cada mes esquilará las orejas y crines del caballo; cortará en la cabeza de él junto a las velas solo lo que baste para el asiento de la cabeza de la brida, y despuntará la cola sin exceder de tres dedos por debajo de los espejuelos.
  10. 10º. Atara el caballo en el pesebre con solo el largo de tres palmos de ronzal; y por la noche le alargará un poco más para que cómodamente pueda echarse, sin riesgo de encabestrarse al levantarse o revolverse; teniendo cuidado de que se mantenga trabado el tiempo necesario para su primer descanso y que no se lastime el pecho; y si las trabas pudiesen ser de cuero doble rellenadas se evitaran mejor las rozaduras.
  11. 11º. Pondrá la grupa a su caballo dos veces a la semana para instruirse en el modo de doblar y colocar las piezas de que se compone, y saldrá a pasear montado con los demás, a fin de que el caballo no lo extrañe, sienta su peso, ni por mal puesto se lastime.
  12. 12º. No llevará para las marchas en la grupa más que la manta con su cincha; el saco de la cebada con la bocado de él al lado de montar, la maleta y capa, poniéndolo todo bien coordinado y asegurado con sus tres correas; la capa bien doblada la afianzará con las dos correas o muletillas postizas puestas a los extremos de las dos correas _selfes para el uso pronto de ellas, sin necesidad de deshacer el todo de la grupa; y jamás llevará pendiente de ella morral, bota ni otra cosa.
  13. 13º. Dentro de la maleta solo llevará gorro de cuartel, dos camisas de lienzo, un par de medias blancas, un corbatín, dos juegos de mangotes con vueltas, un par de calzones de paño o ante, un par de zapatos, otro de guantes, un bolsa de badana con peine, escarpidor, tijeras, alfiletero con agujas, hilo y seda de los colores del vestuario, media docena de botones del uniforme, bola de cera y cepillo para limpiar las botas o botines y zapatos, lesna, cabos, bruza, almohaza, mandil, trabazas, cabezón, morral peine claro para el caballo; en campaña a más de lo expresado una herradura de mano y otra de pie, los útiles que le entregaren, y la hoz asegurada por el lado izquierdo en la cabezada de la brida, de modo que no dañe al caballo.
  14. 14º. Al toque de la genérala dará pienso y limpiara el caballo, disponiéndose para la marcha; al de botasilla el soldado de caballería, y al de asamblea el de dragones, pondrán la silla y grupa, aprontándose para montar, sin salir del cuartel o alojamiento, ni quitar el caballo del pesebre, para que no se frote contra el ni las paredes; y a fin de que no maltrate ni descomponga la grupa, silla o fundas, se mantendrá a la vista de él y esperara con atención toque de a caballo al punto que le oiga pondrá la brida y saldrá a formar al paraje señalado, en la orden, cuidando de que el ronzal esté bien empalmado, sin hilachos, y curiosamente recogidos con una correa, que llevara para este fin bajo la tapafunda izquierda, teniéndola siempre de buen uso para encadenar, sin embarazo los caballos cuando deban echar pie a tierra los dragones.
  15. 15º. Durante la marcha cuidará todo soldado, con atenta observación, de que su caballo, no se decaiga del estado de servicio en que empieza, ni se maltrate con la silla o grupa por mal puesta.
  16. 16º. Cuando llegue al tránsito, luego que haya quitado la grupa, colgara sus armas y arreos con curiosidad, pondrá las trabas al caballo y antes de ir por paja soltará el petral y la grupera, aflojara las cinchas, de la silla moviéndola un poco para que el caballo se desahogue, no se lo quitara hasta que se hayan pasado dos hora; y tendrá cuidado de que no se revuelque con ella para evitar que corriéndose las cinchas pueda lastimarle el espinazo o costillar.
  17. 17º. Siempre que monte a caballo debe presentarse con las botas o botines y zapatos bien limpios y embolados, estándolo igualmente el correaje de brida y silla, y todo su armamento le conservará constantemente en el mejor estado de servicio.
  18. 18º. En el día de que le toque conducirá desde los almacenes de previsión a su cuartel el pan y cebada correspondiente a los soldados de su escuadra, como así mismo la paja en el día que estuviere de guardia a los caballos, acudiendo también al paraje en que se distribuye el aceite par las luces de la caballería y leña de ranchos en las horas que señale el Comandante y cuando estuviere empleado en la custodia y limpieza del cuartel, ira con el de caballería por aceite para las lámparas que tiene a su cargo en aquel día.

OBLIGACIONES DEL CABO

  1. 19º. El que fuere Cabo de escuadra de caballería o dragones debe saber todas las obligaciones del soldado explicadas en los artículos antecedentes para instruirle en ellas, y observará para el desempeño de su cargo las siguientes.
  2. 20º. Ha de saber y tener en una lista la fuerza individual de hombres y caballos de su compañía con la expresión del destino de cada uno y número de prendas, menajes, y clases de vestuario, montura y armamento; en una libreta separada apuntara las entradas y salidas de hombres y caballos de su escuadra, incluyendo los efectivos de ella, con inmediata responsabilidad por lo que mira a estos del cumplimiento de la obligación de cada uno, en su aseo, subordinación, disciplina y exactitud en el servicio, haciéndoles cumplir, y observando él cuantas órdenes se dieren por escrito en el regimiento, las que tendrá sentadas en un cuaderno.
  3. 21º. Cuidará de que la montura de su escuadra se conserve aseada y bien entretenida; que las sillas estén colgadas de un gancho de hierro que cada uno tendrá con su pequeña cuerda para sostenerlas, afianzándola en un clavo o estaca puesta encima del pesebre de cada caballo, o en la pared opuesta, según lo permita la construcción de la caballeriza, y al gancho estará asida la silla por la hebilla de la grupera, y los demás menajes de montura deberán estar colgados en los dormitorios con aseo.
  4. 22º. En tiempo de verano mandará que los soldados cubran las sillas con la manta de los caballos; cuidará de que en el invierno las tengan puestas de día ajustadas con las cinchas, en que ha de haber su almohadilla para que no los lastime, y no se les quitan hasta comido el tercer pienso.
  5. 23º. No permitirá que soldado alguno de su escuadra tenga caballo desherrado, ni que se lleve a herrar sin darle parte, porque precisamente debe asistir cuando se hierren.
  6. 24º. Antes que den cebada los soldados de su escuadra, reconocerá los morrales para ver si esta limpia y efectivamente toda la que corresponde al pienso de aquella hora; hecho este examen pasará con todos ellos a la caballeriza para que a un mismo tiempo, con los demás soldados de la compañía, pongan los morrales a sus caballos respectivos; no permitirá que los de su escuadra se separen hasta haber comido la cebada, y quitándoles después los morrales hará reconocer si algún caballo no ha apurado toda por inapetencia o repugnancia, en cuyo caso dará cuenta al Sargento de la novedad.
  7. 25º. Comiendo el pienso, mandará a los soldados de su escuadra que saquen los caballos al paraje y hora en que hubiese señalado el Comandante para limpiarlos, y reprenderá la falta que en la exactitud de este cuidado note en él. Que fuere omiso, advirtiéndole el modo de ejecutarlo en adelante; y examinará en este mismo acto si están bien herrados los caballos, si alguno se siente de pie o mano, o adolece de alguna enfermedad, con obligación de dar cuenta a su Sargento.
  8. 26º. A la hora de dar agua unirá todos los soldados de su escuadra para que salgan juntos al paraje de incorporación con la compañía, y marchen sin tropel al sitio señalado, procurando que los caballos beban con espacio y comodidad, y que a la vuelta los aten bien, y limpiando antes los pesebres les den paja.
  9. 27º. Al medio día, en que se debe dar el segundo pienso, celara que se practique cuanto para el primero esta mandado; y lo mismo observará en cuanto a dar agua y limpiar los caballos por la tarde, y al dar el tercer pienso después de la retreta.
  10. 28º. En tiempo de marcha cuando se llegue al tránsito, visitará el alojamiento o cuartel de los soldados de su escuadra, y cuidará de que todos los menajes y armamento se guarden con aseo; que las sillas al quitarlas se sacudan y limpien del polvo o barro del camino, y que antes de ponerlas para marchar se rasque el sudor que se pega a los bastes, golpeándolos con vara o mimbre para evitar mataduras, a que sin este alivio se expondrán los caballos.
  11. 29º. Al toque de generala pasará al alojamiento de su escuadra para ver si dan el pienso completo los soldados de ella, y si están prontos a limpiar los caballos; al de la botasilla o asamblea examinará si ponen bien la silla; y al toque de a caballo juntará toda sus escuadra y marchará con ella en el debido orden al paraje señalado para la unión de la compañía.
  12. 30º. Uno de los cuatro Cabos de cada compañía (alternando entre sí) acompañará en el día de data a los soldados nombrados para llevar el pan y cebada al cuartel; y otro Cabo asistirá en el almacén de la paja los días señalados para su distribución, con el cuidado de celar que sea de buena calidad, y que los soldados que deben conducirla se despachen sin desorden.

PRERROGATIVAS DEL CABO.
5a Sección. Núm. 46 de Tercio. Con esta fecha digo al coronel Subinspector del primer Tercio lo siguiente: Enterado de la comunicación de V. S. fecha 25 del actual y teniendo presente que si bien los cabos no comandantes de puesto alternan con los guardias para el servicio de caminos y despoblados, es siempre formando parte de una pareja o patrulla en la cual son jefes, mientras que en el de puertas, que en el Cuerpo participa del de centinela y cuartelero, obran individualmente sin ejercer mando alguno y desempeñando funciones que al soldado corresponden; he resuelto que los cabos que se hallen en aquel caso no presten el servicio indicado de puertas. Lo que comunico a V. S. en contestación a la consulta que me dirigió en su citado oficio. Lo que traslado a V. S. para su conocimiento y cumplimiento en el Tercio de su mando. Dios guarda a V. S. muchos años. Madrid 30 de noviembre de 1871. Serrano. (Francisco Serrano Bedoya, Director General de la Guardia Civil, 28121865 a 11061866.) Señores Coroneles Subinspectores.