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Introducción a la entomología forense

J. Alfredo Piera Pellicer

Introducción

En 1886 Francia, país de origen de la Entomología forense, cuando sus tribunales solicitaron la colaboración de los naturalistas para fijar la fecha de la muerte de individuos cuyos cadáveres habían sido ocultados y posteriormente descubiertos por la policía. Las primeras referencias aparecen en Anales de Higiene y Medicina Legal.

En 1894 el Veterinario Militar Pierre Mégnin del Muséumi National d’Histoire Naturelle de París publica su obra ’Lafaune des cadavres: Applicatión de Ventomologie á la Médicine légale’. En ese momento se forma un grupo de estudio en el que se encuentran el propio Mégnin y otros dos autores, el profesor Brouardel y su alumno el doctor Yovanonitch, de la Facultad de Medicina de París.

Resulta de suma importancia el estudio de los insectos necrófagos, así como las sucesiones de especies a lo largo del proceso de descomposición del cadáver, siendo el objeto de la entomología forense. Especialidad poco desarrollada y que sin embargo puede aportar pruebas cruciales en la resolución de investigaciones criminales. El problema reside en la realización de estudios entomológicos pormenorizados en diferentes regiones geográficas, ya que, en la mayor parte de los casos, los datos obtenidos en una región no son válidos en otra.

Insectos necrófagos

Los saprófagos se alimentan de materia muerta o de desechos, de este modo la materia orgánica pasa a otros niveles de organismos a través de las cadenas tróficas.

Según Putman la descomposición se puede definir como el proceso mediante el cual un organismo o derivados del mismo se llegan a fraccionar en las partes o elementos que lo componen, el resto animal se habrá desintegrado gradualmente hasta que sus estructuras ya no sean reconocibles y sus complejas moléculas orgánicas se hayan fragmentado. Es éste un proceso que comporta la liberación de energía y la mineralización de los nutrientes químicos convirtiendo los elementos orgánicos en inorgánicos.

En el proceso se diferencian dos fases:

  • El proceso de destrucción, es la fase inicial de la descomposición, se produce el fraccionamiento del resto orgánico, así al final de éste se convierte en partículas, jugando un importante papel los factores abióticos y los bióticos.
  • En una segunda fase, a continuación, se producirá la degradación de la materia orgánica, produciéndose la desintegración de las pequeñas partículas en moléculas dando como productos finales C02, H20 y sales minerales.

La entomofauna de cadáveres

Para entender los procesos de degradación y reciclaje de cadáveres, debemos de tener presente que son medios abundantes en materia orgánica y que participan de unas condiciones micro climáticas especiales. Los cadáveres representan no sólo una rica fuente de energía, sino un hábitat muy especializado que es explotado por una entomofauna también muy especializada en la mayoría de los casos. Esta fauna obtiene alimento en estos acúmulos orgánicos, bien directamente como en el caso de los coprófagos y necrófagos, bien indirectamente como en el caso de los predadores.

La comunidad de artrópodos que intervienen en un cadáver forma el conjunto de todos ellos una unidad perfectamente definida a la vez que limitada en el espacio y tiempo. Los cadáveres presentan una serie de características que influyen en la composición y dinámica del conjunto de especies que los utilizan. Estos medios constituyen por tanto verdaderos microhábitats dentro del ecosistema en el que se encuentran depositados, formando en conjunto un sistema parcheado de unidades ricas en nutrientes, por lo que pueden soportar elevado número de especies. Son por otra parte microhábitats que se caracterizan fundamentalmente por sus sucesiones biocenóticas, pudiéndose considerar como micro ecosistemas que se dirigen hacia su total destrucción gracias a la acción de los animales que se van sucediendo en el tiempo.

Por otra parte, el número de individuos que se encuentran en cada una de las unidades puede variar enormemente, produciéndose una distribución agregada cuya consecuencia sea el que pueda coexistir un amplio número de especies en un mismo ecosistema. Sirva como ejemplo el que sólo en un cadáver de conejo pueden encontrarse mas de 100 especies de artrópodos pertenecientes a 16 ordenes y 48 familias, si bien son las larvas de califóridos y en menor grado las de sarcofágidos múscidos y derméstidos las responsables directas de su descomposición.

La fauna de artrópodos que interviene en los procesos de descomposición de cadáveres es descomponedora y de su acción se deriva el que otros organismos como bacterias y hongos actúen más tarde en el proceso de degradación.

Las larvas de moscas y otros insectos producen la licuefacción de los tejidos de los cadáveres preparando indirectamente el sustrato para la intervención de microorganismos descomponedores incluso las larvas minadoras y la acción de remover favorecen la presencia de microorganismos aerobios. Así pues, la acción de los necrófagos y coprófagos es complementaria de la acción de los organismos verdaderamente descomponedores que son los microorganismos.

Los vertebrados carroñeros adquieren importancia igual o mayor que los artrópodos descomponedores. Los vertebrados carroñeros actúan sobre el cadáver al igual que lo hacen los depredadores sobre sus presas, no implicándose en los procesos de descomposición. En los ecosistemas templados, dependiendo de la estación del año, los cadáveres pueden ser destruidos por los vertebrados carroñeros como zorros, lobos, perros. Durante el verano los artrópodos descomponedores pueden utilizar en mayor medida los cadáveres, las altas temperaturas provocan la descomposición antes de ser localizados por los vertebrados carroñeros.

Esta competencia entre vertebrados y artrópodos se establece en todos los cadáveres. Existen pocas diferencias entre una presa que acaba de ser cazada y el cadáver de un animal que acaba de morir. El proceso que ocurre en un cadáver en putrefacción es muy diferente, al tratarse de materiales específicos que soportan una entomofauna también muy determinada. Al igual que también existen diferencias entre la fauna de excrementos de carnívoros y los de herbívoros, debido a que la composición de nutrientes es totalmente distinta. Mientras en los excrementos de herbívoros existe un alto componente de materia vegetal no digerida, el sistema digestivo de carnívoros es mucho más eficaz y los excrementos contienen menos materia aprovechable, de ahí que la fauna que acude a este tipo de heces sea más pobre.

Descomponedores de cadáveres

La fauna de artrópodos descomponedora que acude a los cadáveres varía de acuerdo con el medio y las condiciones ambientales. En los ecosistemas templados los grupos dominantes son dípteros y coleópteros y su acción sobre el cadáver acelera en gran medida el proceso de descomposición. No obstante el grado de actuación de estos animales descomponedores varía con la ubicación espacial del cadáver y la profundidad a que esté enterrado, observándose que el número de insectos es inverso a la profundidad que se encuentre el cadáver.

Los insectos que colonizan un cadáver lo hacen de forma secuencial y la naturaleza y duración de la descomposición depende de las condiciones climatológicas y edáficas donde se encuentre el cadáver. En la descomposición de un cadáver se pueden distinguir cinco fases:

  • Inicial (en la que intervienen sólo microorganismos ya presentes en el cuerpo).
  • Putrefacción.
  • Putrefacción negra.
  • Fermentación butírica.
  • Fermentación seca.

Siendo paulatinamente mayor la duración de cada una de ellas en una misma estación.

La colonización de cadáveres por parte de la entomofauna necrófaga es ordenada. Los primeros en llegar son los dípteros califóridos y múscidos que acuden a las pocas horas a depositar los huevos. Posteriormente, son los dípteros sarcofágidos que junto con especies de los dos grupos anteriormente mencionados, depositan sus larvas o huevos sobre el cadáver. Los principales predadores de estas larvas son los coleópteros estafilínidos, histéridos y sílfidos, si bien todos ellos son también necrófagos. Cuando las vísceras comienzan a descomponerse, acuden a las partes líquidas los dípteros fóridos, drosofílidos y sírfidos. Por último, las larvas o adultos de coleópteros derméstidos, escarabeidos y cléridos comen las partes queratinizadas y las larvas de tineidos Lepidoptera se alimentan de los pelos y plumas restantes.

Hay que tener presente que los patrones de reparto de recursos tróficos dentro de un cadáver varían geográficamente, teniendo cada localidad su propio conjunto de especies de artrópodos que intervienen en los procesos de descomposición de cadáveres, ya que a excepción de algunas especies cosmopolitas, cada región presenta su propia entomofauna necrófaga especializada. No obstante, los niveles taxonómicos superiores se mantienen constantes en todo el mundo.

Los insectos descomponedores de cadáveres por excelencia son los dípteros fundamentalmente las familias Calliplioridae, Muscidae y Sarcophagidae. Si bien los adultos pueden alimentarse de los fluidos del cadáver, son las larvas los organismos verdaderamente descomponedores gracias a las secreciones enzimáticas que producen y que ocasionan la lisis de los tejidos que actúan de caldo de cultivo para los microorganismos. La importancia de los dípteros se centra fundamentalmente en los meses de verano y otoño como consecuencia de su fenología, pudiendo tener mayor importancia los coleópteros durante parte de la primavera. El ciclo de vida de la mayoría de las especies de dípteros es similar.

Las hembras de califóridos y múscidos ponen numerosos huevos sobre la superficie de los cadáveres recientes, generalmente alrededor de orificios naturales, facilitando de este modo la penetración hacia el interior. Por el contrario, las hembras ovovivíparas de los sarcofágidos son menos fecundas y no depositan todas sus larvas en el mismo cadáver, sino que las distribuyen equitativamente entre varios. El desarrollo larvario es muy rápido (3–4 días durante los meses estivales) y la pupación se hace fuera del cadáver, generalmente en el suelo bajo el mismo o en zonas cercanas. Tras un periodo que varía generalmente entre 10 y 30 días emergerán nuevos adultos que iniciarán el ciclo.

En los cadáveres se produce una sucesión de especies de dípteros en el tiempo, que ha sido utilizada en estudios de entomología forense, ya que la rápida colonización de los cadáveres por parte de los imagos y los predecibles patrones de crecimiento de sus larvas, les hacen ser buenos indicadores estimativos de los intervalos postmorte. Así, pueden dar información sobre el lugar, momento y condiciones en los que se encontraba el cuerpo antes de ser hallado. Los primeros dípteros en acudir al cadáver son los de mayor tamaño: califóridos seguidos de sarcofágidos y múscidos. Los adultos de las familias de menor tamaño como Psychodidae, Scatopsidae, Sciaridac, Phoridac, Sepsidae y Sphaeroceridae acuden a los cadáveres en su última fase de la descomposición, tras el abandono del cadáver por parte de los primeros colonizadores.

Un hecho a tener en cuenta es que muchas especies que se desarrollan sobre cadáveres, pueden vivir también sobre heridas de animales y personas provocando las conocidas miasis. La palabra miasis procede del griego myia=mosca y se refiere a la infección de animales vertebrados vivos por larvas de dípteros que se alimentan durante cierto tiempo de los tejidos vivos o muertos de su hospedador, o de la comida por él ingerida. Probablemente uno de los ejemplos mas conocidos por sus implicaciones económicas y medicoveterinarias es el de Cochliomyia hominivorax, Diptera Callifora, cuyas larvas se desarrollan sobre heridas de animales y humanos, pudiéndoles provocar la muerte.

En cuanto a los coleópteros pueden en algunos ecosistemas su acción ser comparable a la que pueden ejercer los dípteros. Son un grupo de coleópteros perfectamente adaptados a vivir en la carroña, completando en la misma todo su ciclo biológico. Los adultos forman galerías debajo del cadáver, entierran en una cámara el cadáver y a continuación eliminan las plumas o pelos que incorporan a la cámara de cría, forma una bola nido y finalizan por depositar los huevos en estos acúmulos enterrados.

De este modo se aseguran la supervivencia de la descendencia al evitar la depredación y la competencia. En esta operación intervienen tanto el macho como la hembra que continuarán cooperando y proporcionando cuidados parentales a las larvas hasta que estas llegan al estado de ninfa. En ocasiones pueden desplazar varios metros partes del cadáver con el fin de enterrarlo en lugares con suelo más propicio.

Por último debemos señalar la importancia que tienen las hormigas (Hymenoptera: Formicidae) en ecosistemas de regiones cálidas y tropicales. Las obreras localizan rápidamente el cadáver y transportan en un tiempo muy breve los restos del mismo hasta sus nidos con fines alimenticios.